martes, 31 de mayo de 2011

Isla Amantaní - Puno

La Isla Amantaní se ubica a 3,817 msnm., sobre las azules aguas del Lago Titicaca y a 3 horas aproximadamente del puerto de Puno. De las 36 islas del lago es la de mayor tamaño de la parte peruana, y fue ocupada inicialmente por culturas pre Incas. Como resultado de la presencia de estas culturas se levantan en las cumbres de la isla restos arqueológicos de vital importancia hasta la actualidad, ya que en estos recintos se llevan a cabo rituales como pago a la tierra y a la fertilidad. La isla también fue ocupada por los Incas, y posteriormente por los españoles por muchos años hasta que a comienzos de 1900, tras unas fuertes sequías, los hacendados españoles comenzaron a vender sus tierras a los campesinos, hasta que por los años 1950, estos ya habían adquirido casi la totalidad de sus tierras.



Amantaní es denominada la “Isla de la Flor Cantuta”, por lo que en sus campos crece de forma natural la “Flor de la Cantuta”, nuestra flor de bandera, descubierta por Antonio Raimondi en sus viajes por el Perú. Su población se dedica principalmente a las labores agrícolas, produciendo papas, oca, cebada y habas. Así mismo destaca su hermosa artesanía textil. Las mantas, chalinas y gorros confeccionados se venden en la feria artesanal del “Pueblo”, donde los pobladores, de manera comunitaria y rotativa, ofrecen sus mercancías por la tarde. Al igual que sus antepasados, viven en casas de adobe, muchas de ellas sin energía eléctrica. Dos tradiciones son las que resaltan de todas las manifestaciones culturales de esta isla: el “pago a la tierra” y la ceremonia del matrimonio. La primera se realiza durante el segundo jueves de cada mes de enero, en el día de San Sebastián. La otra tradición, el matrimonio, se realiza durante el mes de mayo, el “mes del amor”. Esta fiesta suele durar unos tres días.



La mejor temporada para conocer Amantaní es de mayo a octubre. En la actualidad la isla está preparada para recibir turistas durante todo el año, ya que gracias al apoyo de sus pobladores, llegaron a desarrollar un plan sobre Turismo Vivencial o Rural, lo cual vienen desarrollando ya hace algunos años atrás con mucho éxito. Todas las noches se organizan fiestas con bailes autóctonos que se despliegan al compás de quenas, zampoñas y charangos, homenajeando al turista o a los invitados solemnes del pueblo que pernoctan en el lugar. No existen restaurantes ni hoteles; la comida y alojamiento los ofrecen los mismos pobladores a través de sus viviendas. 

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